viernes, 16 de marzo de 2012

De la evolución

Hoy un amigo muy querido hablaba de una palabra que en lo personal me parece sumamente ambigua: Madurar. La gente de cierto estrato social, forma de pensar y anhelos la utiliza para descalificar a los demás que están fuera de este círculo y que así quieren permanecer. Si no quieres tener una gran casa con tres carros, cuatro hijos, un trabajo aburrido y una gran deuda con los bancos, te hace falta madurar. Pareciera que tienes que voverte sedentario para que los demás no se alteren y tengan una tranquilidad de saber que todo está en perfecto orden. Pero bien sabemos que esto no es así, todo siempre cambia, uno no puede tener todo bajo control. Y el estrés, la enfermedad del nuevo milenio, es impactante ver la cantidad de males que se dan a causa de algo que ni debería de existir. Vaya, no digo que uno no deba preocuparse por nada, pero vivir preocupado por cosas tan superficiales: Los pagos de la tarjeta de crédito, las colegiaturas de los niños, voy tarde al trabajo por el tráfico asqueroso, me robaron mi ipod. No, no y no, me rehuso arduamente a caer en eso. Díganme inmaduro, díganme inadaptado, díganme lo que quieran, por lo menos tengo la tranquilidad de vivir sin tantas presiones causadas por necesidades creadas y dispuestas por los cabecillas que mueven esos mismos sectores que utilizan palabras como madurar, conformista y mediocre para llevar a cabo sus fines. Esas palabras no me tocan, y eso que las oigo muy seguido.

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