Es extraño como unas simples palabras pueden generar un cambio tan radical en el estado anímico de una persona; pensar que un "te amo", "te odio", "cásate conmigo" o un "no me ha bajado" pueden cambiarte la vida, realmente me sorprende. Y es que simplemente son conjuntos de sonidos, pero la carga emocional que en ellas depositamos puede ser de proporciones abominables. Es en este punto en el cual me pongo a pensar en la fragilidad de nuestras almas. Si la persona indicada, en el momento indicado, dice las palabras indicadas, tu vida puede dar un giro de 720°. No así, cuando las palabras, la persona y el momento están todos disparatados, la situación puede convertirse en una de ésas que uno puede recordar toda la vida por su extrañeza. Después de todo este preámbulo pseudo filis´fico, es mi deber contar el suceso tan sublime que viví el día de hoy.
Estando yo en mi trabajo, el cual consiste en atender a los clientes de cierto banco, me entró una llamada a eso de las seis y media de la tarde. El cliente en cuestión me preguntó al comenzar la llamada si ésta sería grabada como dice una contestadora antes de que pase con los operadores. Le contesté muy amablemente que así era, que todas las llamadas eran grabadas para su seguridad y la nuestra. El cliente comentó que siendo así, quería quejarse de dos hijas de su puta madre rateras de mierda de cierta sucursal que le habían robado su maldita tarjeta de nómina y lo habían estado haciendo dar vueltas como pendejo, y que al final ni ellas, ni nadie del puto banco de mierda le había podido solucionar su pinche problema, que era el peor banco de México y que por favor se metieran la pinche tarjeta pendeja por el culo. Dicho esto, se despidió cordialmente con un gracias y colgó.
Debo de confesar que después de tan singular llamada quedé maravillado, con una gran sonrisa en el rostro que, sin querer pecar de presuntuoso, me hizo ganar una felicitación por parte de un siguiente cliente por haberlo atendido de muy buena manera. Éste, sin duda alguna ha sido un día muy bueno, he servido a dos causas: A solucionar un problema, y como catarsis de otro. ¡Dios bendiga el servicio a clientes!
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